Mi Primer Ironman 70.3 - Cozumel
- Maria Paula Estela
- hace 7 horas
- 3 Min. de lectura
¿Por qué entrenar más de 15 horas a la semana cuando podrías hacer 4 o 5?¿Por qué elegir tres deportes cuando uno sería suficiente?¿Por qué levantarte antes de las 4 a.m.,
invertir en bicicletas, llantas, gorros, horas de sueño… y aún así querer más?
Porque hay retos que no transforman el cuerpo.Transforman la identidad.
El deporte, como la nutrición y el bienestar, no es una búsqueda estética. Es una conversación constante con tus límites. Es una forma de recordar que estás viva.

El verdadero reto nunca fue físico
En consulta he visto muchas veces que el cuerpo no es el problema.El problema es el miedo.El miedo a incomodarse.A fallar.A no poder.
Cuando decidí hacer mi primer Ironman 70.3 en Cozumel (2017), no estaba buscando una medalla. Estaba buscando una versión de mí que aún no conocía.
Llevo más de diez años corriendo. El trote es parte de mi identidad. Pero cuando me atreví a probar el triatlón entendí algo poderoso: la vida tiene muchas pasiones esperando ser exploradas… solo hay que saltar.
A veces literal.
El dolor como maestro
La preparación fue intensa. Pero también vino acompañada de una lesión de cadera que me llevó al límite.
Fueron meses de frustración. Fisioterapia. Noches sin dormir. Dudas.
Y ahí entendí algo que hoy repito en cada proceso de bienestar que acompaño:el cuerpo no es una máquina que se obliga. Es un sistema que se escucha.
Como nutricionista y atleta confirmé que el rendimiento no depende solo del entrenamiento. Depende de la nutrición adecuada, del descanso, del manejo del estrés, del equilibrio hormonal, de la resiliencia emocional.
La nutrición deportiva fue mi aliada. Pero la paciencia fue mi salvación.

Cruzar la meta no fue el mayor logro
Pero cuando crucé la meta no sentí lo que esperaba.
No hubo euforia. No hubo lágrimas de felicidad. No hubo esa sensación épica que uno ve en las fotos (aunque no estoy segura de lo que reflejan mis fotos).
Sentí vacío.
Mucho entreno para mucho sufrimiento.
Mientras caminaba después de terminar, con la cadera ardiendo, no entendía por qué había dedicado casi un año entero para terminar así, reventada. No sentí orgullo inmediato. Sentí un sinsabor profundo.
Y pareciera que nadie habla de esto, como si todas las metas fueran una gran gloria conquistada.
Lo que el triatlón me enseñó sobre la vida
Llegué a casa y guardé la bici. Duró casi dos meses sin tocarse.
No quería saber nada del tri. No quería madrugar. No quería volver a organizar mi vida alrededor de tres disciplinas.
Y la verdad es que esa experiencia fue suficiente para afirmar que nunca volvería a correr un 70.3.
Porque esa experiencia no fue romántica. Fue dura, quizás demasiado demoledora no solo para la moral si no para el cuerpo.
Siempre he creído que el deporte, como la nutrición, nos enseña sobre disciplina y perseverancia. Pero esa carrera me enseñó otra cosa:
Hay que intentarlo. Pero no siempre va a salir como lo imaginaste y no siempre te va a gustar.
No todo reto termina en una sensación gloriosa. No todo esfuerzo deja satisfacción inmediata. No todo “logro” se siente como victoria.
Y eso no significa que hayas fallado.
Significa que exploraste, que te atreviste, que aprendiste algo sobre ti.
Hoy sigo creyendo en el bienestar integral. En escuchar el cuerpo. En retarnos. En salir de lo cómodo. Pero también creo en algo más maduro: en saber cuándo algo cumplió su propósito, incluso si no quieres repetirlo.
Porque crecer no es solo conquistar metas.
También es aceptar, con honestidad, que no todos encontramos la felicidad por el mismo camino.
Y eso también está bien.

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